Hermenéutica y homosexualidad   Leave a comment

Hermenéutica y homosexualidad

Septiembre 23rd, 2006 

La hermenéutica moderna está caracterizada por una fuerte reacción en contra del racionalismo escolástico de antaño. Su fundador, Friedrich Schleiermacher, afirmaba hace años: “En la interpretación es esencial que seamos capaces de salir de nuestra forma de ver el mundo y meternos en la del otro”. Visto así, el corazón de la hermenéutica es, en palabras de Anthony C. Thiselton: “el intento de entender la ‘otredad’ del otro”. Hans-Georg Gadamer fue (murió hace muy pocos años) uno de los filósofos que más han desarrollado esa forma de hacer hermenéutica. Uno de sus discípulos, Günter Figal, catedrático de la Universidad de Tubinga, cita la breve y sabia definición del maestro sobre la hermenéutica: “Es saber que el otro puede tener razón”. La hermenéutica empieza en términos prácticos para Gadamer cuando una persona es capaz de situarse en el punto de vista de su interlocutor y comprender sus posiciones. Esta forma de respetar al otro como ‘otro’ era, según Gadamer, la única manera de evitar la manipulación retórica y la propaganda que tanto se dan hoy. “Sería un muy pobre hermeneuta aquel que creyera que puede o debe tener la última palabra”, escribe en su libro Verdad y Método. Esto es debido a que en hermenéutica, tal y como él la entendía, uno nunca deja de escuchar al otro, sea que este ‘otro’ tome la forma de textos sagrados, personas humanas, tradiciones corporativas o instituciones sociales.

Quizá aquellos que hayan leído el párrafo anterior se puedan estar dando cuenta de por qué el debate sobre la ética de la homosexualidad parece haber llegado a un punto muerto en su forma de leer, interpretar y aplicar los textos bíblicos. La razón es que, hasta Schleiermacher, la hermenéutica consistía en la búsqueda de algún método ‘generalista’ o de algún ‘principio hermenéutico’ o clave mágica que dirigiera la interpretación de los textos de forma correcta. Y esta parece ser la forma de hermenéutica que predomina hoy. En este debate, por ejemplo, parece que hay ciertos bandos ya formados cada uno apelando a su clave o principio particular de interpretación, sea este ‘la centralidad de Cristo’, o las ‘Escrituras como un todo’, o ‘el contexto histórico adecuado’, pero que normalmente solo sirven para justificar sus propios puntos de vista o para que parezca que validan la tradición que casualmente tenía el grupo al que pertenecían. Así, cuando un grupo aplica ‘su clave’ a los textos, los demás se ponen a la defensiva y le acusan de ceguera espiritual, prejuicio o falta de integridad moral. Por tanto, una hermenéutica pre-moderna solo está sirviendo para generar circularidad, frustración, ira y una pérdida de confianza en personas, grupos y textos. Al final se acaba en un: “que cada uno crea lo que quiera”.

Si queremos poder seguir dialogando unos con otros (cosa que, tristemente, no todos quieren) estamos realmente necesitados de una hermenéutica distinta. Sin ella nuestros prejuicios seguirán dominando el debate. Y prejuicios hay en todos los sentidos. Por ejemplo, es interesante que muchos cristianos consideren la situación de una persona comprometida de por vida con otra persona del mismo sexo muy distinta biblicamente hablando a la de una persona divorciada que se ha vuelto a casar (a pesar de que, al igual que existen palabras donde se parece condenar la homosexualidad en la Biblia, casarse de nuevo después de un divorcio está expresamente prohibido por Jesús mismo en tres evangelios). Todo debate dirigido por prejuicios acabará en un ‘intento de ganar’ la conversación: no querremos escuchar al otro ya que sabremos que está equivocado de antemano.

En esta nueva hermenéutica, Gadamer habla de la ‘fusión de horizontes’ cuando se refiere a lo que debe ocurrir para que el entendimiento entre dos personas distintas tenga lugar. En nuestro caso esta fusión debe ocurrir en varios ámbitos del debate. Mencionaré dos:

1. A nivel bíblico. Debemos aprender a escuchar y entender lo que los escritores bíblicos entienden cuando mencionan la palabra ‘homosexual’ (si es que lo hacen). Es posible que hoy día tengamos un entendimiento muy distinto con respecto a los seres humanos que vivían en tiempos bíblicos de fenómenos que parecen tener el mismo nombre. Como dice Rowan Williams hablando de la homosexualidad, “es posible preguntar, sin necesidad de aceptar ninguna de las posiciones, hasta qué punto podemos estar seguros de que los ‘fenómenos’ de los que se está hablando [en la Biblia] son los mismos [que los nuestros]”. Los cristianos han preguntado esto mismo de forma bastante satisfactoria acerca del asunto de ‘prestar dinero con interés’. Sin que exista una verdadera ‘fusión de horizontes’ entre los escritores bíblicos y nosotros, no puede haber un entendimiento adecuado de lo que quieren decirnos acerca de la homosexualidad. Y desde luego aún no hemos alcanzado ni mucho menos un consenso con respecto a esto.

2. A nivel actual. Es urgente que seamos capaces de llevar a cabo una fusión de nuestros horizontes con los de aquellos que conocen y experimentan lo que es ‘ser homosexual’ en primera persona. Y esta fusión debe ocurrir en nuestro contexto actual. Informes clínicos, experiencias reales de personas implicadas, intentos fallidos de todo tipo, formas de leer y de ver la realidad… todo ello debería ser más relevante de lo que está siendo. Es fundamental aprender a escuchar al ‘otro’, en lugar de intentar encajarle en una humanidad ficticia creada por medio de etiquetas de ‘heterosexual’ y ‘homosexual’ (sobre todo cuando los expertos tienden a hablar más de un amplio espectro o escala de orientación). Esta actitud de apertura encaja perfectamente con esta nueva hermenéutica de, no solo Gadamer, sino también Ricoeur, Habermas y Betti. Todos ellos avisan de la terrible equivocación que supone etiquetar a otros antes de entrar en el largo y paciente proceso de intentar comprenderles.

Pocos días antes de ingresar en el hospital, Gadamer concedió una entrevista a una agencia de noticias en la que calificó los atentados del 11 de septiembre de “nihilismo filosófico”. Esta nueva hermenéutica propone un posible camino para evitar acabar ahí. Me gustaría creer que todos los que dicen ser seguidores de Jesús estarían dispuestos a emprender este camino. Lo único que es necesario es que todos aquellos que nos encontremos en el proceso de reflexión teológica aprendamos a poner como base de dicha reflexión la humildad, o lo que Carter Heyward llamó la teología de ‘no estar totalmente seguro’, que simplemente admite la posibilidad de estar equivocado. Al fin y al cabo, ¿no dijo Jesús: “aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar” (Juan 16:12)?.

Publicado agosto 26, 2008 por Ricardo Paulo Javier en homosexualidad, Teología

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