Con Jesús, vivimos en el podio.   Leave a comment

18 de agosto

“Pero en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.” Romanos 8:37

Hoy Argentina tuvo un día soñado en las Olimpiadas. Por primera vez en la historia del ciclismo argentino, conseguimos una medalla de oro en esta disciplina en una olimpiada. Juan Curuchet, un ciclista
de 43 años había participado en 5 olimpiadas y jamás había ganado nada. Hoy era su última carrera. Había decidido retirarse. ¡Y ganó la medalla de oro junto a Walter Pérez!

Hoy en Argentina somos todos ciclistas y Juan Curuchet es un héroe nacional. Ayer no lo conocía nadie y los que hablaban de él solo lo criticaban, que ya estaba grande, que tendría que retirarse, que
nunca ganó nada en las olimpiadas. Pero hoy, con la medalla de oro en el cuello, somos todos fanáticos del ciclismo.

Para completar el día de gloria, Argentina goleó 3 a 0 a Brasil en las semifinales de football en los Juegos Olímpicos de China. Antes del partido, había dudas sobre el resultado. Pero apenas terminó el partido, todos nos subimos a la alegría interminable del triunfo.
Somos exitistas por naturaleza. El mismo equipo que anteayer criticábamos, es hoy el mejor equipo del mundo. Batista es el mejor técnico del mundo. Solo hasta la final con Nigeria, y si perdemos, volverán a ser los peores del mundo.

El argentino es extremadamente ciclotímico y cambia su sensación de triunfo en contados segundos. Pasamos de la euforia a la depresión con gran facilidad. En parte es lógico porque no se puede mantener
un espíritu triunfalista en medio de las derrotas (preguntale a Brasil). Pero esta ambigüedad de pensamiento que es típica en los argentinos, la padecemos todos. Porque nuestra sensación de triunfo
depende de los logros que alcancemos, o del éxito que logremos.

¡Gracias a Dios por Jesucristo! Él nos hace partícipes de su Victoria y eso es permanente. Al asociarnos a Cristo, nos asociamos también a su triunfo glorioso. En la cruz, Cristo mató a la muerte y derrotó definitivamente al diablo. Y aunque todavía tenga algo de libertad, Satanás sabe que tiene los días contados. ¡Cristo ya lo venció!

Y nos participa de su triunfo. Vos y yo no dependemos de una carrera en bicicleta o de un gol del Kun Agüero para sentirnos ganadores. Ya lo somos porque triunfamos con Cristo. Somos eternos ganadores.
Vivamos con la dignidad, de tener la medalla de oro del Cielo en nuestro corazón.

REFLEXIÓN – Con Jesús, vivimos en el podio.

Un gran abrazo y bendiciones

Dany

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Publicado agosto 20, 2008 por Ricardo Paulo Javier en Devocional

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