SI PUEDES CREER   Leave a comment

SI PUEDES CREER

Cristianos Unidos

Por Daniel Sapia

¿Cuántos de nosotros en alguna oportunidad hemos caído en la errónea idea de que nuestro Padre Eterno actúa de manera autónomamente autoritaria, sin atender los deseos y anhelos de Sus hijos en la Tierra, o incluso de aquellos que sin serlo aún, le buscan de todo corazón? Y cuando reflexiono sobre esto me viene a la mente la escuchada expresión (generalmente acompañada por un encogimiento de hombros) –“y… si Dios quiere….”.

Aclaro -por las dudas- que con esto no estoy desconsiderando la indelegable y plena Soberanía de nuestro Dios sobre toda su creación. Pero.. ¿Cuántas veces supusimos que desde nuestro lugar personal poco o nada podíamos hacer en lo referente a las obras de nuestro amado Padre orientadas hacia nuestras vidas? O peor aún, ¿cuántos de nosotros suponíamos –¡y tal vez aún suponemos!- que indefectiblemente necesitamos de “ministros iluminados” o de “sacerdotes oficialmente ordenados” .. o hasta de personas de vidas piadosas ya fallecidas (”santos”) para que actúen como necesarios y hasta imprescindibles canales de la gracia de Dios sobre nuestras vidas…?

Claro que “la oración del justo puede mucho” (Santiago 5:14-16) Es una verdad bíblica que en esta breve reflexión no está puesta en cuestión en ningún momento. Aquí se trata de otra cosa; se refiere a la errónea suposición que podemos llegar a ser “criaturas desamparadas”, que dependemos o bien de un religioso intermediario, de un “santo intercesor” o en el peor de los casos de un Dios lejano, autocrático o dictador.

Pues nada de eso. Por si no lo sabías permíteme que te diga que nosotros, todos y cada uno de nosotros, individual y personalmente podemos tener acceso al corazón de Dios, gracias a la preciosa sangre de Cristo derramada en la cruz (Efesios 3:11-12). Alabado sea Su nombre.

Cada vez que digamos (a modo de posibilidad y con tono levemente escéptico) “Y.. si Dios quiere…”, entonces escucharás la voz de Dios que te dirá al corazón… “¿CREES QUE PUEDO REALMENTE, LO CREES, LO ANHELAS? Pues finalmente allí está la clave. No en “si Dios puede”, sino en si nosotros PODEMOS CREER que Él PUEDE…

Nos enseña la Biblia que un día Jesús bajaba con sus discípulos del monte en donde el día anterior se había transfigurado frente a ellos. Descendiendo por la pendiente se encuentran con un tumulto de gente, y en medio, a sus discípulos disputando con algunos escribas. Una vez cerca Jesús pregunta a sus discípulos.. ¿Qué están discutiendo? Cuando la gente reconoce a Jesús, acude presurosa a Él, transformándose inmediatamente en el centro de la atención. Un hombre de la multitud, se le acerca y le expone la desgracia que padece su hijo, el cual es víctima de un espíritu mudo que le hace sufrir de muchas maneras, y desde hace mucho tiempo (desde chico). En su desesperación, este padre le implora a Jesús y le dice -“si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos..” (Marcos 9:22) A lo que Jesús, inmediatamente le responde (devolviéndole el “SI”)… –“Si puedes creer, al que cree todo le es posible…” (vv.23).

Jesús podría haber respondido: “Claro que puedo, soy el Ungido de Dios.. ¿no has sabido de los milagros que he hecho?…” Sin embargo, el Hijo de Dios no centra la cuestión en su propia persona sino en la FE del angustiado padre que pide sanidad para su hijo. Jesús deja de lado la cuestión de si él puede o no (sin dudas puede!). Lo importante es QUE cosa CREE respecto del Salvador aquél que está pidiendo. ESTO ES LO VERDADERAMENTE VALIOSO PARA DIOS: un corazón humilde pero movido por la fe en el Hijo, el Cristo, el Ungido de Dios.

Nótese además que aquí Jesús no le pregunta al angustiado padre si era una buena persona para merecer el milagro, o si había realizado algún sacrificio religioso o había repetido determinada cantidad de frases piadosas. Nada de eso! El Maestro significó: –“Y tú.. ¿lo crees? ¿crees que puedo?” Bastó la afirmativa del padre sufriente, exponiendo un corazón humilde que clamaba por ayuda espiritual (vv.24) para que Jesús desatara el milagro sobre la vida del joven. Y fue sano por completo.

Pero notemos algo maravillosamente adicional en esta historia. Jesús podía ver el corazón sufriente de ese padre, de la misma forma que podía ver su incipiente fe. Jesús no necesitaba escuchar la respuesta del hombre para ver qué haría, porque Jesús –repito- podía ver qué había en su angustiado corazón. Sin embargo, estando FRENTE A LA MULTITUD Jesús no sólo le responde puntualmente al padre del muchacho endemoniado, sino que además DECLARA ante el gentío agolpado (y les enseña) que el corazón de Dios se mueve POR GRACIA (regalo) por medio de LA FE (Efesios 2:8-9, Lucas 17:6, Hebreos 11:6, etc.).

Jesús bien pudo haber sanado al muchacho sin haberle respondido nada al padre que pedía por él. Pero de esa manera, la gente presente difícilmente hubiera conocido la VERDADERA razón de la curación del chico endemoniado. Incluso más, hasta hubiera dejado lugar para que cada quien de ese gentío conjeturara sobre las causas de la sanidad, dando pie a historias sobre “buenas obras” realizadas, por lo “buena persona” que era el padre, por lo “devoto” de tal o cual culto a personas o cosas, etc… etc.

Y en tu caso.. ¿Cómo es tu relación personal con Dios? ¿Le preguntas “si puede” o “si quiere”, y esperas resignado su devolución? ¿O pides con fe, sabiendo que no hay un solo cabello de tu cabeza que escape a Su perfecto control?

¿Tienes hijos? Supongamos por un momento en que ellos tienen el deseo que los lleves a pasear, de vacaciones. Y supongamos que escuchas a uno de ellos que, encogiéndose de hombros, manifiesta.. –“y… si mi padre quiere, tal vez vayamos de vacaciones”. E imagina a tu otro hijo, corriendo a tu presencia, y declarándote: -“Papá, sabes cuánto anhelo que podamos pasear juntos, de vacaciones. Por eso te lo pido con todo el corazón, sabiendo que harás lo necesario para concretar esta mi ilusión…”

Pues… ¿cuál de tus hijos consideras que moverá más tu corazón?

Amado/a, piensa que tu Padre Celestial es quien hace salir el sol todas las mañanas.

Actuemos como hijos, no como mendigos.

Escrito está: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?” (Mateo 7:7-11)

Padre amado, acrecienta nuestra Fe!

Bendiciones en el Eterno.

Daniel Sapia

Publicado agosto 11, 2008 por Ricardo Paulo Javier en Devocional

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