El juicio y la salvación   Leave a comment

El Sermón Dominical
Domingo 3 de Agosto del 2008

El juicio y la salvación

Pastor Tony Hancock

Introducción

¿Has observado alguna vez un tendedero de ropa? Es un invento muy sencillo, en realidad. Consiste en una cuerda extendida entre dos puntos de sostén, que usualmente son palos fijados en la tierra. Para que funcione bien el tendedero, es necesario que ambos extremos estén seguramente fijados.

Si uno de los lados del tendedero está desconectado, ya no sirve para secar la ropa. No se puede usar. Hay una dinámica similar en muchas de las verdades espirituales. En muchos casos, hay dos verdades diferentes que se tienen que mantener en tensión. Si abandonamos a una o la otra, lo que resulta es inútil.

Un ejemplo es la verdad del amor y del juicio de Dios. En varias etapas de la historia del mundo podemos encontrar ejemplos de personas que se han enfocado tanto en el juicio de Dios que han ignorado la realidad de su amor. Tales personas generalmente han sido crueles, y han perdido el gozo.

Hoy en día, sin embargo, hemos ido al otro extremo. Hemos puesto tanto énfasis en el amor de Dios que parece ser que nos hemos olvidado de que El es un Dios justo, que juzgará el mundo. Algunos años atrás se publicó un libro titulado “Embraced by the Light” (“Abrazado por la luz”). La autora recontaba sus
experiencias después de quedar aparentemente muerta en la sala de operaciones.

Ella dijo haberse encontrado cara a cara con Jesucristo, pero el Jesús que ella conoció no se parece al Jesús de la Biblia. Decía ella que Jesús “nunca quería hacer o decir nada que me podría ofender” durante su visita al cielo. ¿Es éste el mismo Jesús que llamó a los fariseos de su día una camada de víboras?

En su recuento, no hay nada de juicio; no hay ninguna mención del infierno. Ella no es la única; si echamos un vistazo a los escritos recientes de muchos líderes espirituales – incluso de algunos que se consideran cristianos – encontramos mucho de amor, y nada de juicio.

¿Será éste el Dios de la Biblia? ¿Así es Dios, en realidad – un Dios que lo perdona todo, sin necesidad de arrepentimiento, y sin posibilidad de castigo? Veamos si es verdad.

Lectura: Génesis 18:16-21

18:16 Y los varones se levantaron de allí, y miraron hacia  Sodoma; y Abraham iba con ellos acompañándolos. 18:17 Y Jehová dijo: ¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer, 18:18 habiendo de ser Abraham una nación grande y fuerte, y habiendo de ser benditas en él todas las naciones de la
tierra? 18:19 Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él.
18:20 Entonces Jehová le dijo: Por cuanto el clamor contra Sodoma y Gomorra se aumenta más y más, y el pecado de ellos se ha agravado en extremo, 18:21 descenderé ahora, y veré si han consumado su obra según el clamor que ha venido hasta mí; y si no, lo sabré.

Las quejas acerca de la maldad de Sodoma y Gomorra habían llegado a los oídos de Dios. ¿Qué decidió hacer El? Quizás dijo: Bueno, la gente de esos pueblos simplemente ha escogido un estilo de vida alternativo. ¿Quién soy yo para decirles qué hacer?

No, Dios no hizo esto. El es Dios; como nuestro Creador, El tiene el derecho a decirnos cómo debemos de vivir, y esperar que lo obedezcamos. El está atento a la maldad, y no dejará que la desobediencia quede impune.

Al mismo tiempo, vemos que Dios no mantiene en secreto lo que El  planea. Abraham es el padre de todos los que son justos por fe ante los ojos de Dios. Por este motivo, Dios le revela a él lo que planea hacer. A través de la historia, Dios ha revelado sus propósitos a través de sus profetas. En la Biblia encontramos
mucha información acerca de lo que Dios hará.

Lectura: Génesis 18:22-33

18:22 Y se apartaron de allí los varones, y fueron hacia Sodoma; pero Abraham estaba aún delante de Jehová. 18:23 Y se acercó Abraham y dijo: ¿Destruirás también al justo con el impío?
18:24 Quizá haya cincuenta justos dentro de la ciudad: ¿destruirás también y no perdonarás al lugar por amor a los cincuenta justos que estén dentro de él? 18:25 Lejos de ti el hacer tal, que hagas morir al justo con el impío, y que sea el justo tratado como el impío; nunca tal hagas. El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo? 18:26 Entonces respondió Jehová: Si hallare en Sodoma cincuenta justos dentro de la ciudad, perdonaré a todo este lugar por amor a ellos. 18:27 Y Abraham replicó y dijo: He aquí ahora que he comenzado a hablar a mi Señor, aunque soy polvo y ceniza. 18:28 Quizá faltarán de cincuenta justos cinco; ¿destruirás por aquellos cinco toda la ciudad? Y dijo: No la destruiré, si hallare allí cuarenta y cinco.
18:29 Y volvió a hablarle, y dijo: Quizá se hallarán allí cuarenta. Y respondió: No lo haré por amor a los cuarenta. 18:30 Y dijo: No se enoje ahora mi Señor, si hablare: quizá se hallarán allí treinta. Y respondió: No lo haré si hallare allí treinta.
18:31 Y dijo: He aquí ahora que he emprendido el hablar a mi Señor: quizá se hallarán allí veinte. No la destruiré, respondió, por amor a los veinte. 18:32 Y volvió a decir: No se enoje ahora mi Señor, si hablare
solamente una vez: quizá se hallarán allí diez. No la destruiré, respondió, por amor a los diez.
18:33 Y Jehová se fue, luego que acabó de hablar a Abraham; y Abraham volvió a su lugar.

En estos versículos encontramos una frase clave: “Tú, que eres el Juez de toda la tierra, ¿no harás justicia?” La respuesta a esta pregunta retórica es un resonante sí. Dios, en su justicia y misericordia, indudablemente rescataría a los justos, y preservaría su pueblo. Si sólo había diez personas justas en Sodoma, Dios no destruiría la ciudad. Veamos lo que sucedió cuando los dos ángeles fueron a buscar a esas diez personas
justas.

Lectura: Génesis 19:1-11

19:1 Llegaron, pues, los dos ángeles a Sodoma a la caída de la tarde; y Lot estaba sentado a la puerta de Sodoma. Y viéndolos Lot, se levantó a recibirlos, y se inclinó hacia el suelo, 19:2 y dijo: Ahora, mis señores, os ruego que vengáis a casa de vuestro siervo y os hospedéis, y lavaréis vuestros pies; y por la mañana os levantaréis, y seguiréis vuestro camino. Y ellos respondieron: No, que en la calle nos quedaremos
esta noche. 19:3 Mas él porfió con ellos mucho, y fueron con él, y entraron en su casa; y les hizo banquete, y coció panes sin levadura, y comieron. 19:4 Pero antes que se acostasen, rodearon la casa los hombres
de la ciudad, los varones de Sodoma, todo el pueblo junto, desde el más joven hasta el más viejo.
19:5 Y llamaron a Lot, y le dijeron: ¿Dónde están los varones que vinieron a ti esta noche? Sácalos, para que los conozcamos. 19:6 Entonces Lot salió a ellos a la puerta, y cerró la puerta tras sí, 19:7 y dijo: Os ruego, hermanos míos, que no hagáis tal maldad. 19:8 He aquí ahora yo tengo dos hijas que no han conocido varón; os las sacaré fuera, y haced de ellas como bien os pareciere; solamente que a estos varones no hagáis nada, pues que vinieron a la sombra de mi tejado. 19:9 Y ellos respondieron: Quita allá; y añadieron: Vino este extraño para habitar entre nosotros, ¿y habrá de erigirse  en juez? Ahora te haremos más mal que a ellos. Y hacían gran violencia al varón, a Lot, y se acercaron para romper la puerta. 19:10 Entonces los varones alargaron la mano, y metieron a Lot en casa con ellos, y cerraron la puerta. 19:11 Y a los hombres que estaban a la puerta de la casa hirieron con ceguera desde el menor hasta el mayor, de manera que se fatigaban buscando la puerta.

Resulta ser que los problemas de Sodoma eran muy profundos. En Ezequiel 16:49-50 descubrimos que los habitantes de esta ciudad eran injustos con los pobres, materialistas y arrogantes, además de hacer cosas abominables ante el Señor: “He aquí que esta fue la maldad de Sodoma tu hermana: soberbia, saciedad de pan, y abundancia de ociosidad tuvieron ella y sus hijas; y no fortaleció la mano del afligido y del menesteroso. Y se llenaron de soberbia, e hicieron abominación delante de mí, y cuando lo vi las quité.”.

Toda esta maldad llegó a su colmo cuando los visitantes angelicales llegaron a la casa de Lot. Ellos se  hospedaron con Lot, pero cuando cayó la noche los habitantes de la ciudad llegaron buscando usar sexualmente a los dos visitantes. A tal grado habían llegado el pecado y el desenfreno en Sodoma que sus
habitantes sólo pensaban en satisfacer sus perversos deseos.
En medio de ellos estaba Lot, que la Biblia describe como un hombre justo. Veamos qué pasó con él.

Lectura: Génesis 19:12-16

19:12 Y dijeron los varones a Lot: ¿Tienes aquí alguno más? Yernos, y tus hijos y tus hijas, y todo lo que tienes en la ciudad, sácalo de este lugar; 19:13 porque vamos a destruir este lugar, por cuanto el clamor
contra ellos ha subido de punto delante de Jehová; por tanto, Jehová nos ha enviado para destruirlo.
19:14 Entonces salió Lot y habló a sus yernos, los que habían de tomar sus hijas, y les dijo: Levantaos, salid de este lugar; porque Jehová va a destruir esta ciudad. Mas pareció a sus yernos como que se burlaba.
19:15 Y al rayar el alba, los ángeles daban prisa a Lot, diciendo: Levántate, toma tu mujer, y tus dos hijas que se hallan aquí, para que no perezcas en el castigo de la ciudad. 19:16 Y deteniéndose él, los varones asieron de su mano, y de la mano de su mujer y de las manos de sus dos hijas, según la misericordia de Jehová para con él; y lo sacaron y lo pusieron fuera de la ciudad.

La Biblia identifica a Lot como un hombre justo. ¿Se acuerdan qué es lo que nos hace justos ante Dios? Según el ejemplo de Abraham, el hombre justo es que le cree a Dios. Aquí vemos que Lot también creyó el mensaje de Dios a través de los ángeles.

Sus futuros yernos, en cambio, sólo se rieron del mensaje. En  los eventos que hemos visto hay mucha risa. Sara se rió de la promesa del Señor; los futuros yernos de Lot se rieron del juicio. Hoy en día hay muchos que hacen lo mismo. Se ríen de las grandes promesas que Dios hace, y se ríen de la posibilidad del juicio. Esto no es de sabios, como vemos a continuación.
Lectura: Génesis 19:17-29

19:17 Y cuando los hubieron llevado fuera, dijeron: Escapa por tu vida; no mires tras ti, ni pares en toda esta llanura; escapa al monte, no sea que perezcas. 19:18 Pero Lot les dijo: No, yo os ruego, señores míos.
19:19 He aquí ahora ha hallado vuestro siervo gracia en vuestros ojos, y habéis engrandecido vuestra misericordia que habéis hecho conmigo dándome la vida; mas yo no podré escapar al monte, no sea que me alcance el mal, y muera. 19:20 He aquí ahora esta ciudad está cerca para huir allá, la cual es pequeña; dejadme escapar ahora allá (¿no es ella pequeña?), y salvaré mi vida. 19:21 Y le respondió: He aquí he recibido también tu súplica sobre esto, y no destruiré la ciudad de que has hablado. 19:22 Date prisa, escápate allá; porque nada podré hacer hasta que hayas llegado allí. Por eso fue llamado el nombre de
la ciudad, Zoar. 19:23 El sol salía sobre la tierra, cuando Lot llegó a Zoar. 19:24 Entonces Jehová hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos; 19:25 y destruyó las ciudades, y toda aquella llanura, con todos los moradores de aquellas ciudades, y el fruto de la tierra.
19:26 Entonces la mujer de Lot miró atrás, a espaldas de él, y se volvió estatua de sal.
19:27 Y subió Abraham por la mañana al lugar donde había estado delante de Jehová.
19:28 Y miró hacia Sodoma y Gomorra, y hacia toda la tierra de aquella llanura miró; y he aquí que el humo subía de la tierra como el humo de un horno. 19:29 Así, cuando destruyó Dios las ciudades de la llanura, Dios se acordó de Abraham, y envió fuera a Lot de en medio de la destrucción, al asolar las ciudades donde Lot estaba.

De toda la grandeza que habían sido Sodoma y Gomorra, sólo quedó una pequeña aldea – Zoar. Lot escapó por la misericordia del Señor, pero su esposa había dejado el corazón en Sodoma. Cuando se quedó para mirar hacia atrás, la destrucción le alcanzó a ella también.

Lot perdió a toda su familia gracias a su decisión de establecerse a la orilla de Sodoma. Aunque él sacó a sus hijas de Sodoma, no pudo sacar a Sodoma de sus hijas.

Lectura: Génesis 19:30-38

19:30 Pero Lot subió de Zoar y moró en el monte, y sus dos hijas con él; porque tuvo miedo de quedarse en Zoar, y habitó en una cueva él y sus dos hijas. 19:31 Entonces la mayor dijo a la menor: Nuestro padre es viejo, y no queda varón en la tierra que entre a nosotras conforme a la costumbre de toda la tierra.
19:32 Ven, demos a beber vino a nuestro padre, y durmamos con él, y conservaremos de nuestro padre descendencia. 19:33 Y dieron a beber vino a su padre aquella noche, y entró la mayor, y durmió con su padre; mas él no sintió cuándo se acostó ella, ni cuándo se levantó. 19:34 El día siguiente, dijo la mayor a la menor: He aquí, yo dormí la noche pasada con mi padre; démosle a beber vino también esta noche, y entra y duerme con él, para que conservemos de nuestro padre descendencia. 19:35 Y dieron a beber vino a su padre también aquella noche, y se levantó la menor, y durmió con él; pero él no echó de ver cuándo se acostó ella, ni cuándo se levantó. 19:36 Y las dos hijas de Lot concibieron de su padre. 19:37 Y dio a luz la mayor un hijo, y llamó su nombre Moab, el cual es padre de los moabitas hasta hoy. 19:38 La menor también dio a luz un hijo, y llamó su nombre Ben-ammi, el cual es padre de los amonitas hasta hoy.

Cuando los habitantes de Sodoma se habían agolpado frente a su puerta para exigirle a sus visitantes, Lot había ofrecido a sus hijas para que la multitud las usara. Ahora sus hijas deciden usarle a él. Debido al tiempo que habían pasado en Sodoma, su forma de pensar se había pervertido.

De la forma en que Lot había vivido a la orilla de Sodoma, sus descendientes – los moabitas y los amonitas – vivirían a la orilla de la tierra prometida, sin disfrutar de sus bendiciones.
Considera ahora conmigo tres personajes de esta historia, y pregúntate con cuál te identificas más. En primer lugar, tenemos a Abraham, el hombre justo. El fue justo porque creyó la palabra de Dios, y actuó sobre esa palabra. Por este motivo, Dios hizo con él dos cosas: le avisó de sus planes, y lo libró de la
destrucción.

Leemos en los versos 27 y 28 del capítulo 19 que Abraham regresó al mismo lugar donde había hablado con el Señor, y de allí vio de lejos la destrucción de Sodoma y Gomorra. Vio el humo que subía de la tierra calcinada, y vio las ruinas de estas ciudades antes gloriosas.

Así es que Dios libera a su pueblo. Jesús hizo algo similar con sus discípulos. Les describió las cosas que habían de venir, empezando con la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. Si tú crees su Palabra y la estudias, El también comparte contigo los planes que tiene para este mundo malvado.

Si creemos la promesa de Dios, como lo hizo Abraham, y vivimos en la obediencia de la fe, podemos vivir con los ojos abiertos en lugar de cerrados. Veremos de lejos el juicio de Dios cuando llegue el gran día de su juicio, pero a nosotros no nos tocará.
El segundo grupo de personajes que vemos son los habitantes de Sodoma. Ellos vivían de acuerdo a los deseos de su carne, en egoísmo y lujuria. Cuando les llegó el mensaje de salvación a los futuros yernos de Lot, se rieron; estoy seguro que cualquier otro habitante de Sodoma habría hecho lo mismo.

Su fin fue la destrucción total. Éste será el fin de toda persona que sólo vive para sí misma, que cuando le llega el mensaje de salvación se ríe y que vive su vida sin tomar a Dios en cuenta. Dice Pablo en 1 Corintios 6:9-10: “¿No saben que los malvados no heredarán el reino de Dios? ¡No se dejen engañar! Ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los sodomitas, ni los pervertidos sexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los calumniadores, ni los estafadores heredarán el reino de Dios.”

Si tú te ves en esos versos, no te engañes. Te espera una destrucción segura, a menos que cambies tu actitud y aceptes de corazón a Jesucristo. El murió para pagar por tus pecados y quitarte la vergüenza de lo que has hecho, pero si no lo aceptas, sigues bajo condenación.

El tercer personaje que vemos aquí es Lot. ¡Qué figura más trágica! Como sobrino de Abraham, era parte del pueblo de Dios; fue un hombre justo, que creyó la Palabra de Dios. Sin embargo, también se dejó llevar por la atracción de las cosas del mundo. Quiso vivir a la orilla de Sodoma, gozando de todo lo que ofrecía el comercio y la cultura de la ciudad, tratando de no meterse de lleno a su maldad.

Su plan, desgraciadamente, no dio buen resultado. El fue salvo;pero su familia quedó perdida, física y moralmente. Lo mismo te puede suceder a ti. Si tú conoces a Cristo, enfrentas la constante tentación de tratar de tenerlo todo: pertenecer a Dios, y disfrutar de todo lo que el mundo ofrece.

Hoy en día vemos películas que hace veinte años nos habrían escandalizado. Escuchamos música con letra horripilante porque “nos gusta el ritmo”. Dejamos la televisión prendida sin darnos cuenta de los mensajes que se están infiltrando en nuestro hogar. Poco a poco nos acercamos a la orilla de Sodoma.

¿Dónde estás viviendo tú? ¿Vives, como Abraham, en un lugar de adoración? ¿Conoces el amor de Dios porque sabes que El te ha rescatado del juicio? ¿O vives a la orilla de Sodoma? Cristo te está llamando a vivir con El. El vino a este mundo de maldad a vivir con nosotros para llevarnos a vivir con El. ¿Qué te está
llamando hoy a hacer el Señor?
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Publicado agosto 4, 2008 por Ricardo Paulo Javier en Devocional

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