La presencia y el poder   Leave a comment

La presencia y el poder

Pastor Tony Hancock

Introducción

El corazón humano es muy propenso a descarriarse. La historia  humana y la historia del pueblo de Dios lo demuestran. En cierta  ocasión, el pueblo de Israel se había descarriado y había ido detrás de un ídolo llamado Baal. Quienes adoraban este ídolo  creían que él les daba la lluvia y la prosperidad. Cuando la
mayoría de las personas viven de sus sembrados, tal dios es muy atractivo.

El profeta Elías se enfrentó con los sacerdotes de este dios falso sobre el monte Carmelo. Les propuso una competencia.
Sacrificarían dos bueyes, y los colocarían sobre dos altares. El dios que lograra hacer caer fuego sobre el sacrificio que le correspondía mostraría así ser el dios verdadero.

Este concurso debería de haber sido fácil para Baal, porque él era el supuesto dios de la lluvia y las nubes – y por ende, de los relámpagos. Nada debería de haber sido más fácil para él que mandar un rayo del cielo para prender su sacrificio. Los sacerdotes empezaron a bailar alrededor del altar en un frenesí de anticipación – pero nada pasó.

Por fin, Elías les dijo: “¡Griten más fuerte! Tal vez Baal esté meditando, u ocupado o de viaje. ¡A lo mejor se durmió, y hay  que despertarlo!” (1 Reyes 18:27). Con esta burla Elías ponía al descubierto el problema que comparten todos los dioses falsos. No están presentes, y no tienen poder.

El Dios verdadero, en cambio, se ha mostrado presente y poderoso con su pueblo en una y otra ocasión. Continuamos con nuestra visita a la vida del patriarca Abraham, y veremos cómo Dios se muestra presente y poderoso con él.

Lectura: Génesis 18:1-15

18:1 Después le apareció Jehová en el encinar de Mamre, estando él sentado a la puerta de su tienda en el calor del día. 18:2 Y alzó sus ojos y miró, y he aquí tres varones que estaban junto a él; y cuando los vio, salió corriendo de la puerta de su tienda a recibirlos, y se postró en tierra, 18:3 y dijo: Señor, si ahora he hallado gracia en tus ojos, te ruego que no pases de tu siervo. 18:4 Que se traiga ahora un poco de agua, y lavad vuestros pies; y recostaos debajo de un árbol, 18:5 y traeré un bocado de pan, y sustentad vuestro corazón, y después pasaréis; pues por eso habéis pasado cerca de vuestro siervo. Y ellos dijeron: Haz así como has dicho. 18:6 Entonces Abraham fue de prisa a la tienda a Sara, y le dijo: Toma pronto tres medidas de flor de harina, y amasa y haz panes cocidos debajo del rescoldo. 18:7 Y corrió Abraham a las vacas, y tomó un becerro tierno y bueno, y lo dio al criado, y éste se dio prisa a prepararlo. 18:8 Tomó también mantequilla y leche, y el becerro que había preparado, y lo puso delante de ellos; y él se estuvo con
ellos debajo del árbol, y comieron. 18:9 Y le dijeron: ¿Dónde está Sara tu mujer? Y él respondió:
Aquí en la tienda. 18:10 Entonces dijo: De cierto volveré a ti; y según el tiempo de la vida, he aquí que Sara tu mujer tendrá un hijo. Y Sara escuchaba a la puerta de la tienda, que estaba detrás de él.
18:11 Y Abraham y Sara eran viejos, de edad avanzada; y a Sara le había cesado ya la costumbre de las mujeres. 18:12 Se rió, pues, Sara entre sí, diciendo: ¿Después que he envejecido tendré deleite, siendo también mi señor ya viejo? 18:13 Entonces Jehová dijo a Abraham: ¿Por qué se ha reído Sara diciendo: ¿Será cierto que he de dar a luz siendo ya vieja?
18:14 ¿Hay para Dios alguna cosa difícil? Al tiempo señalado volveré a ti, y según el tiempo de la vida, Sara tendrá un hijo. 18:15 Entonces Sara negó, diciendo: No me reí; porque tuvo miedo. Y él dijo: No es así, sino que te has reído.

Encontramos a Abraham en el encinar de Mamré. Con este detalle nos damos cuenta de que Abraham no se ha mudado desde que se separó de Lot. Lot, su sobrino, había decidido establecerse cerca de Sodoma, una ciudad malvada; Abraham, en cambio, se había establecido en Mamré. Allí levantó un altar al Señor. Era
un lugar de adoración.

La próxima semana veremos lo que sucedió con Lot en Sodoma. Ahora nos enfocamos en lo que le sucedió a Abraham ese día en que el Señor lo visitó. Fíjense en lo que está pasando: el Señor, Dios Creador de cielos y tierra, se toma el tiempo para visitar a un hombre.

En esto vemos que
I. Dios está presente con su pueblo
Era la hora más calurosa del día, cuando el sol brillaba con rayos abrasadores y ni una nube tapaba su fuerza. Abraham estaba sentado a la entrada de su carpa, donde podía disfrutar de la sombra y el aire al mismo tiempo.

De repente, ve a tres hombres acercarse. De acuerdo con la costumbre del día, Abraham tenía la obligación social de ofrecerles su hospitalidad a estos hombres. Manda a su esposa a preparar pan, escoge al mejor ternero que tiene y se lo da a su siervo para que lo prepare.

Finalmente, les sirve requesón y leche a las tres visitas. Pero ¿quiénes son estas tres personas? Nosotros sabemos, habiendo leído el primer versículo, que uno de ellos es el Señor. Sin embargo, no se le identifica como tal nuevamente hasta el verso 13. Sus dos acompañantes eran ángeles, según vemos más tarde en
este capítulo y el siguiente.

Ahora, si esto es así, hay un detalle muy interesante. Si son tres los hombres que llegan a visitar a Abraham, ¿por qué sólo habló Abraham con uno de ellos? El texto nos dice que él habló así: “Mi señor, si este servidor suyo cuenta con su favor, le ruego que no me pase de largo” (v. 3). ¿Por qué sólo le habla a uno de los hombres?

El misterio se profundiza cuando notamos que, cuando los dos ángeles llegaron a visitar a Lot en Sodoma, él los saluda como “señores” – usa el plural. ¿Por qué sólo habló Abraham con uno de los tres hombres que estaba frente a él? ¿No sería una falta  de cortesía ignorar a los otros dos, si eran simples hombres?

Tratemos de comprender la razón. Sabemos que el Señor le había aparecido antes a Abraham – mayormente en sueños y visiones. En otras palabras, Abraham ya lo conocía. Es más, Abraham había obedecido al Señor; se había sometido a su voluntad, mostrándose obediente.

Todo esto nos lleva a la conclusión de que Abraham sólo le habló a uno de los hombres porque él reconocía que era el Señor. En base a la larga relación que él llevaba con el Señor, sabía conocerle con sólo verlo.

Aquí vemos dos cosas, entonces. Primeramente, Dios estaba con Abraham. Lo había venido a visitar. El Dios del universo había venido a compartir una cena con él. Además de esto, Abraham supo reconocer a Dios, porque había pasado tiempo con El y lo había obedecido.

La Biblia repite una y otra vez que Dios está presente con su pueblo. Cuando Jesucristo vino a este mundo, uno de los nombres que se le dio fue Emanuel, que significa “Dios con nosotros”. Cuando El vino a este mundo, visitó a su pueblo así como Dios visitó a Abraham junto al encinar de Mamré.

Aunque El se fue al cielo, les prometió a sus discípulos: “Les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20). Por medio de su Espíritu Santo, El prometió estar siempre con nosotros. Hay algo en esto que me parece muy interesante. Los que adoran a los ídolos llenan sus casas, sus negocios y sus templos con imágenes de estos ídolos, como si tuvieran que convencerse de que sus dioses estuvieran presentes con ellos.

A Dios, en cambio, no lo podemos representar con ninguna imagen. El es espíritu. Sin embargo, a distinción de los ídolos, El realmente está con nosotros. Su Espíritu está presente en todo momento. No tiene limitaciones de tiempo ni de espacio.

El está contigo en esa lucha, en esa prueba, en esa tentación que tú enfrentas. Pero te hago la pregunta: ¿lo reconoces? Abraham supo reconocer al Señor porque había pasado tiempo con El. Si tú eres creyente, Dios está contigo. El mismo te dice: “Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes -afirma el Señor-, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza.” (Jeremías 29:11)

Dios está contigo. ¿Lo sabes reconocer? Si tú no pasas tiempo con El, conociéndolo a través de su Palabra y en la oración, no vas a saber reconocer su mano cuando se mueve en tu vida. No vas a reconocer la voz de su Espíritu cuando te habla al corazón. No vas a reconocer su dulce presencia cuando te reconforta.

Dios está presente con su pueblo. Pero hubo una persona que no supo reconocer esa presencia, o confiar en la Palabra que Dios pronunció. Ella se llamaba Sara, y aunque fue una mujer ejemplar en muchos respectos, se rió cuando oyó que el Señor le iba a dar un hijo.

¿Por qué se rió? Sara era una mujer inteligente, una mujer que había experimentado la vida y sabía cómo son las cosas. Su risa no era la risa de una loca, sino la risa de quien no puede creer lo que oye, y lo toma como una broma. ¿Por qué se rió?

Se rió porque ella sabía que había dos cosas en contra de la realización de la promesa. La primera cosa era su esterilidad. Por muchos años ella y Abraham habían tratado de tener hijos, pero nunca lo habían podido hacer. Era muy poco probable, a estas alturas, que de repente se hiciera posible.

La segunda cosa era la edad de Sara. Ella era una mujer de edad avanzada. El texto nos dice que ya había dejado de menstruar. Desde hace tiempo había entrado a la menopausia. ¿Cómo sería posible que tal mujer tuviera un hijo? ¡Era risible!

Ella conocía dos datos muy importantes, pero ignoraba uno tercero. Aunque todo estaba en contra de que ella tuviera un hijo, había alguien a favor – el Señor. ¿Acaso hay algo imposible para el Señor? ¡No hay nada! La confirmación la encontramos en el verso 1 del capítulo 21: “Tal como el Señor lo había dicho, se ocupó de Sara y cumplió con la promesa que le había hecho” (Génesis 21:1).

Vemos, entonces, que

II. Dios es poderoso para cumplir su promesa

¿Cuáles promesas nos ha hecho el Señor? El nos ha prometido que volverá a llevarnos a estar con El. Nos ha prometido estar siempre con nosotros. Nos ha prometido que, frente a cualquier tentación, siempre habrá una salida. Nos ha prometido que, si buscamos primeramente su reino, lo demás será añadido.

¿Crees que Dios es capaz de cumplir estas promesas? Quizás algunos se rían. Después de todo, este mundo parece ser un lugar cruel y sin sentido. Aquí sólo ganan los que se aprovechan de los demás. Hay tantas religiones que nadie sabe cuál es cierta, o si alguna de ellas lo es.

Sin embargo, el mismo Dios que le dio a Sara un bebé en su vejez guardará sus promesas contigo también. El cumplirá su propósito en ti, si tú confías en El como Abraham confió.

Conclusión

Nosotros servimos a un Dios que está presente con nosotros, y que tiene poder. Una amiga nuestra, misionera en el Perú, vivió esta realidad en carne propia. Un día se fue al centro de Lima para hacer unas diligencias, pero durante el día, el centro se convirtió en un desorden de manifestaciones y fuerzas
policiales.

Huyendo de los manifestantes y las bombas de gas lacrimógeno, se perdió. De repente una mujer se le acercó y le dijo: Sígame. Esta mujer llevó a nuestra amiga por las calles de Lima hasta llegar a un lugar seguro, y le señaló cómo llegar a su casa.
Después de asegurarse de que había entendido, nuestra amiga se volvió para darle las gracias. La mujer ya no estaba a su lado.
¿Cómo fue que esta mujer supo guiar a una extranjera para que estuviera a salvo? ¿Fue realmente sólo una mujer? No lo sé – pero nuestra amiga se quedó convencida de que Dios había estado con ella aquel día, y que había sido poderoso para protegerla.

¿Quieres que El esté contigo siempre? Entrégale el control de tu vida. Cree lo que El te promete, y cuenta con su presencia y su poder.

—————————————————————-

– ¡Visita la página web del Pastor Tony Hancock!
http://www.pastortony.net

Publicado julio 29, 2008 por Ricardo Paulo Javier en Devocional

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: