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Confía en Dios.

21 de julio

“El Señor mismo marchará al frente de ti y estará contigo; nunca te  dejará ni te abandonará. No temas ni te desanimes.” Deuteronomio 31:8

El ejército y el pueblo tenían que marchar. Ya había quedado atrás el tiempo de deambular por el desierto, ahora había que entrar en acción. Comenzaban un tiempo de sacrificio, de lucha, de combate y de soledad. Los esclavos de Egipto se convirtieron en soldados y en cada familia iba a faltar un padre o un hermano. Sabían que sus enemigos eran muchos y peligrosos. Mejor armados, en ciudades amuralladas, con más experiencia, con más soldados.

En la tropa y en el pueblo había temor. Ellos no eran soldados, eran apenas un grupo de refugiados que habían escapado de la esclavitud y buscan un lugar donde vivir. Demasiada incertidumbre, inseguridad, y
debilidad. Tenían que marchar, pero el paso vacilaba. No había firmeza, había temor. Era más fácil huir.

Dios sabía lo que había en el corazón de cada uno de ellos, por eso, le dice a Moisés que les recuerde esta preciosa afirmación. Es cierto que venían tiempos peligrosos, que los enemigos se multiplicaban, que las dificultades eran muchas, pero el pueblo de Israel no tenía por qué tener miedo. Dios mismo iba a marchar con ellos, bien al frente. Dios mismo iba a estar con ellos.

¡Qué preciosa promesa! ¡Cuánta tranquilidad que brinda! Dios les demostró una y otra vez, que su promesa era verdadera, que era confiable. Vez tras vez, en cada situación difícil, Dios estuvo al lado de su pueblo, jamás los abandonó, marchaba con ellos y los cuidaba. No había razón para estar desanimado ni deprimido ni atemorizado. Dios estaba con ellos.

Pasaron muchos años, y el sentimiento no cambia. Hoy no tenemos enemigos con espadas y lanzas, pero todavía tenemos temor, incertidumbre, preocupación por el futuro, inseguridad, desánimo, preocupación o angustia.

Y ¡Gracias a Dios, Dios no ha cambiado! Él sigue siendo el mismo Dios confiable y seguro. El mismo que vuelve a decirnos hoy: No temas, Yo estoy con vos. Marcho a tu lado, y estoy cada segundo con vos. Dios jamás nos deja, ni se olvida de nosotros.

Si hoy estás atravesando un tiempo de dificultad, y bajaste los brazos, si estás desanimado, con demasiados problemas, triste, angustiado, frustrado, fracasado o deprimido, Dios hoy te recuerda:
Estoy con vos, marcho a tu lado.

REFLEXIÓN – Hacela fácil, confía en Dios.

Un gran abrazo y bendiciones

Dany

Publicado julio 23, 2008 por Ricardo Paulo Javier en Uncategorized

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